Descubriendo Andalucía con la bici a cuestas
Calahonda- Castell de Ferro. Costa Tropical.
Calahonda- Castell de Ferro. Costa Tropical.

Calahonda- Castell de Ferro. Costa Tropical.

Este año estamos participando en menos carreras. Estamos cogiendo la forma más lentamente. Las carreras ciclistas son muy exigentes. Y si no vas medianamente preparado, lo pasas mal, mal.
Y ya no estamos para pasarlo mal. Estamos para todo lo bueno. Por eso, seleccionamos.

Y hemos seleccionado la carrera de Castell de Ferro. Un escenario en el que Luis ha ganado tres veces y ha subido al podium en otras tantas.

Es una cronoescalada exigente.
Y es un lugar que nos encanta sobremanera. La carrera era en Castell de Ferro, pero el alojamiento en Calahonda, en su hotel Embarcadero, enfrente del mar, bueno enfrente de un trocito de mar, el más bonito.

Son letrillas del poeta José Ganivet Zarcos. Santa Fe- Granada.
Echemos la vista al frente y sigamos remando. Qué bonito es Calahonda.

Y hacía muy buen día. Y después de un pequeño paseo, nos fuimos a comer.

Había reservado el día anterior en un chiringuito que no conocíamos, El rebalaje, con buenas críticas.
Y vaya descubrimiento.

Brótola a la brasa. Gambas blancas, un plato con 24 gambas. Estaba todo buenísimo. También ensalada de tomate y aguacate.

Un 10 al restaurante.

De vuelta al hotel, tocaba quitarse las piedrecitas de la playa. Inevitable.

Al fondo, el hotel.

A descansar y saldríamos a la tarde para un ratito en la playa.

Es muy relajante estar enfrente del mar en un paraje cómo éste.

Hay que aprovechar, que sólo estamos aquí un día. Pues a pasear.

El mar tranquilo. El hombre tranquilo. Al día siguiente, ese hombre ya no estaría tan tranquilo. Hay que aprovechar, que sólo estamos un día aquí y se acaba y con este atardecer.

Ya pensando en cenar. Lo hicimos en el hotel. En tiempos, tenía un restaurante magnífico que ya no lo es. Pero nos quedamos a cenar. Algo poco rebuscado, sencillo. Tomate, que no suele fallar en tierras de la Costa tropical y unas socorridas croquetas.

Bien. Y seguía la tranquilidad. Hasta aquí hemos aprovechado del día. Ahora a descansar hasta mañana.

Y el domingo salimos sobre las 8:00 para Castell de Ferro.

Precioso lugar. Con los invernaderos. Estropea el paisaje, pero es la forma de vida de la mayoría de la gente de la zona.

Y aquí tenemos ya transformado al hombre tranquilo en hombre de los nervios. Y eso que domina la bici maravillosamente, que si fuera yo la que tuviera que participar , imaginaos. Saludamos a sus compañeros y la reportera hizo la foto de rigor.

Preparado. Listo. Ya.

Mientras discurría la carrera yo paseé por el lugar. La subida se hacía en menos de 45 minutos. Me mandó whatsapp diciéndome que había subido bien pero que no habría podium. Hay otros más jóvenes dentro de master 60 a los que le toca ganar ahora.

Nosotros seguimos con la preparación con vistas a los Campeonatos de Andalucía del primer fin de semana de junio.

Y ahí seguimos aprovechando el día. No hay podium, pues nos vamos para casa y comemos allí, que teníamos arroz que sobró, un arroz de verduras que hizo Luis muy rico.

En el camino, aún pudimos escuchar a Pepa Fernández en su programa “ No es un día cualquiera”. Esta vez desde Gran Canaria”.

Lo hacía desde la Universidad de Filología. Me encanta el saber canario. Esa templanza. Me encantan esas islas que no conozco como quisiera y que lo haré cuando se pueda. Toca aprovechar cada momento de nuestra vida. Tenía Pepa con ella a un poeta, músico y a estudiantes que cantaron y recitaron, versearon, dicen ellos. Maravillosos.
Y verseando llegamos a casa. Y comimos.

Y por la tarde,¿ creéis que la aprovechamos?. Pues desde luego. De la mejor manera. Con nuestros amigos.
Echando esa partidita de mus que nos engancha. Les dejamos ganar. Aunque lo tenían fácil porque ligaron todo ellos. Pero Ana y yo supimos plantarles cara. Nos tomamos un delicioso vermut y ……

Y señores, este cuento se ha acabado. Y pronto empezará el siguiente . Seguiremos remando, entrenando, siempre de frente sin echar la vista atrás, como decía el poeta.

Un comentario

  1. Ciclista con los nervios nerviosos

    Vitori, debido a mi formación en contacto con la geografía, había pensado hablar del espacio geográfico de Calahonda. Así encontramos distintas zonas significativas que nos lo explican. Por una parte tenemos el sector servicios que gira, cómo no, alrededor del sector turístico. Está localizado en la cala con su hotel y los típicos chiringuitos que, desde el tardeo, se transforman en bar de copas. A la hora de comer las gambas blancas, las quisquillas, el gallo de San Pedro o la brótala de sabor apreciado, con unos buenos tomates de la tierra, hacen las delicias de los comensales.
    Por otra parte la zona agrícola que se ha convertido en un mar de plástico formado por los invernaderos, que, aprovechando el agua del subsuelo han convertido una zona árida en otra dinámica, huerta de Europa y creadora de riqueza observable en los confortables chalets que podemos ver en algunas zonas de l a playa.
    Antiguamente existia el espacio de la pesca tradicional, pero actualmente es insignificante, podemos decir que ha desaparecido y solo queda el recuerdo en alguna escultura de un pescador recogiendo su red llena de cagadas de palomas.
    Como te decía antes, lo anterior era de lo que te iba a escribir, pero debido a las lecturas sobre el mundo imaginal de Victoria, tu tocaya, Cirlot, vamos a completarlo con el comentario a una fotografía en la que se te ve quitándote las piedras del zapato. Para ello recurro al Diccionario de símbolos de Eduardo Cirlot, al que has leído y te ha emocionado. Nos dice que la piedra es un símbolo del ser, de la conformidad consigo mismo. La dureza de la piedra, su perdurabilidad, era lo contrario de la fragilidad de lo biológico, que muere y se pudre. Las piedras caídas del cielo servían para explicar el origen de la vida. Los meteoritos eran adorados, como el de la Caaba en la Meca. Y los alquimistas buscaban la piedra filosofal, la unidad de los contrarios, la claro y lo oscuro, lo consciente y los inconsciente, lo masculino y lo femenino para formas la totalidad. También tenemos la piedra angular, la clave de bóveda, que es la que sustenta finalmente toda la obra realizada y que se coloca al terminarla.
    Aparte de Cirlot, otros autores nos han mencionados otras piedras dignas de mención. En el cuento feminista de Caperucita Roja, la barriga del lobo es llenada de piedras que simbolizan que solo la mujer puede ser creadora de vida.
    Para Camús, en su obra El mito de Sísifo, la piedra es la condena a la que está sometido y con la que tiene que cargar diariamente y sin descanso, empezando cada día de forma rutinaria, cansina y absurda. ¡Qué cosas pensaban los existencialistas!
    En el Camino De Santiago los peregrinos cargan con sus piedras que son los pesares con los que circulas pr la vida y a los que quieren dejar atrás. Al final aprenden que el Camino simbóliza el camino interior, que lleva a la aceptación de lo que somos, con la luz y la oscuridad que llevamos dentro. Esa es la forma de no otrapezar dos ves con la misma piedra,
    No sigo porque me estoy poniendo nervioso de los nervios. Te quiero, Vitori.

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