Descubriendo Andalucía con la bici a cuestas
Macharaviaya
Macharaviaya

Macharaviaya

A Macharaviaya íbamos a viajar. Una villa que se funda en 1572, y que su origen estaría en una alquería árabe, de nombre ”Machar Ibn Yahya”, cortijo del hijo de Yaya.
Su gentilicio es macharatungos.

Es un pequeño pueblo de la Axarquía malagueña, que se asienta en la ladera de una loma. Una familia, los Gálvez, en el último tercio del siglo XVIII, llegan a esta población y entran en la historia. Con ellos alcanzaría la Villa un apogeo espectacular. Los Gálvez alcanzaron altas cotas de poder en la Administración de Carlos III, tanto en la península como en América. Con ellos se construye una Real Fábrica de Naipes y la población llega a 3000 habitantes. Actualmente son 325 vecinos.

Como es bastante comprensible, en Macharaviaya no nos íbamos a alojar. Si nos hubiéramos apellidado Gálvez, a lo mejor sí. El pueblo está lleno de calles con sus apellidos.

Nosotros nos alojaríamos en Torre del Mar, cuyo lema es “Todo el año”.

Llegamos el viernes al hotel Mainake. Lugar tranquilo, por eso nos gusta. Nos dimos un pequeño paseo para hacer hambre.

Tuvimos suerte. Ya no llovía. Y después a cenar. Muy cerca del hotel, nos gustó el aspecto de un restaurante. Casa Lolo.

No estuvo mal. Tomate rosado con melva. Patatas bravas. Pincho de pollo.

Y a descansar. Sin ruidos, gracias.
Por la mañana hacia Macharaviaya.
El “Waze“ hizo de las suyas y nos llevó por una carretera penosa. Después a la vuelta volveríamos por otra que va hacia el Rincón de la Victoria, mejor, aunque es la carretera que mantiene el mismo trazado desde el siglo XVIII. Carretera estrecha y que solo lleva a Macharaviaya. No hay otros pueblos en el camino.
Habían anunciado que nos darían café, bocadillos, para desayunar los ciclistas y los acompañantes, antes del inicio de la carrera. Bueno, ya será menos. No les funcionaban las cafeteras que habían llevado y no era gratis. Jaja. Quizás a algún Gálvez le invitarían. Y la salida en un hoyo, donde estaba el polideportivo del pueblo. El pueblo, arriba; la salida, abajo.

Foto desde el pueblo, se ve el arco de salida.

Y yo preparada de reportera para verlos subir del barranco de salida. Calles pavimentadas con canto rodado. Muy difícil para las bicicletas. Macharaviaya y su conjunto histórico fue denominada El pequeño Madrid del siglo XVIII.

YA VIENEN, YA VIENEN:

Muy duro dar pedales por una cuesta mortal. La primera rampa en el pueblo. Luego ya no vería la carrera porque yo me quedaba en el pueblo. La organización haría fotos durante la misma. Ahí va una de nuestro campeón en plena batalla:

Y yo me quedaba en el pueblo, también con esfuerzo, subiendo y bajando esas rampas en la visita guiada que nos habían prometido. Una guía nos contaría y enseñaría cositas de este pueblo desconocido para mí.

Macharaviaya. Donde viven los macharatungos. La guía no es española. Pero habla bien el castellano. Afincada aquí desde hace muchos años.
Y empezó la ruta llevándonos al museo de Arte contemporáneo. De artistas del pueblo y de otros que vinieron y se enamoraron de esta tierra malagueña. De difícil acceso, pero que invita a quedarse.
En el museo hice algunas fotos de obras expuestas.

De José Seguiría. Tarquino y Lucrecia. Málaga 1981.
También de José Seguirí. 1988.
Obras de Rafael Carmona.

Nos contaba la guía lo orgullosos que estaban los macharatungos de convivir con grandes artistas.

Y después de esta visita nos fuimos hacia el Museo municipal. Y por el camino nos mostraba lo importante del pueblo. Por ejemplo, su colegio. Allá por el año 1783 fue pionero en enseñar a las niñas a leer. Y en que hubiera clases mixtas.

Y el Museo municipal. De los Gálvez, claro.

La historia de Macharaviaya.
Y uno de sus más célebres vecinos, Salvador Rueda, poeta.

En esta visita por el museo, nos habló, cómo no, de los hermanos Gálvez, las personas más importantes en la historia del pueblo, por todo lo que hicieron. Y que se conmemora todos los años el día de la Independencia de los Estados Unidos de América.

Increíble, en un pueblo tan pequeño y las historias que hay detrás.
No dio tiempo a verlo todo detenidamente. Luis ya estaba aquí y me reclamaba en el coche. ¡Voy Luis!

¿Cómo ha ido todo? “Ha ido bien, sin caída, pero ha sido corta para mí. Me ha faltado algún kilómetro para remontar. Ya sabes Victoria que salgo mal, luego me voy calentando, y voy, voy y como un coyote voy a por todos. Pero esta vez, no pudo ser, lo siento. No hay podio”. ¿Que lo sientes ? Pues no, no hay perdón. Ahora hay que irse antes, ahí a Torre del Mar, ¿a qué? A comer espetos, vaya rollo. Yo había venido aquí a comerme un bocadillo en el podio con los macharatungos.
Te voy a hacer una foto sin podio para castigarte.

Has salido muy guapo. Te perdono.

¡Vámonos a la playa a sufrir!

La niña perdida, jaja.

¡Qué forma de pasarlo mal! ¡Vamos a comer algo, para seguir sufriendo!

Ya me voy animando. Los espetos te hacen olvidar las penas. Son mágicos.
Y ahora, os haré una pregunta, ¿qué sería lo que le apetecería a Luis para después de los espetos? Por variar, algo novedoso. A ver, mirad la foto, ¿habéis acertado?
Ni novedoso, ni na, arroz con verduras. Reconozco que no estaba mal. Chiringuito Zanzíbar. Recomendable. No pedimos café ni postre. Y nos dimos el paseo hacia el hotel, muy agradable, con solecito. Y paramos a tomar el café. Una heladería al lado del hotel, muy frecuentada. Y nos dijimos, ¿seguimos sufriendo? Y así lo hicimos.
Acompañado de dos cafés capuchinos, con nata montada, espectaculares. ¿Qué, sabemos sufrir 😩, o 🙂‍↔️?

¡Dios santo, y todo eso por dejar a los macharatungos chingándose los bocadillos! Expresión mejicana que adapto en mi relato. Soy una artista con muchos recursos. Cuando vas a sitios como Macharaviaya y te rodeas de arte, algo se te pega.

Nos quedaba la tarde.

Nos gustó ese toro con la puesta de sol.
¡Y a mí me tragaba la tierra! Será del sufrimiento, o de la paella, o de las fresas con nata.

Y el domingo nos volvimos. Escuchando a los maduritos del programa de Pepa Fernández, “No es un día cualquiera”.
Maduritos somos. Nos gusta Sensafine. Y como dijo Borges:

Y de pronto llegará alguien que baile contigo, aunque no le guste bailar, y lo hará porque es contigo y nada más.

Seguimos bailando. ¡Hasta la próxima!

11 comentarios

  1. Acumulador de nervios nerviosos

    Buenas. De nuevo me propongo darte un discurso de contestación, aunque será difícil estar a tu altura. Lo intentaré. Para ello voy a seguir analizando tu estilo literario. Si en la entrada anterior analizamos tu utilización de diminutivos, en este caso nos centraremos en las frases de significado dudoso que aparecen en tus escritos. Vaya por delante que las veo muy bien, pues esa ambigüedad que dejan crean un áurea de diversión, misterio y romanticismo que enriquecen tus escritos. Así, una simple crónica viajero-periodística se convierte en un cuento picante, atractivo y divertido.
    Comencemos. La primera frase no es tuya, pero tú la has incluido y debe de ser por algo. La frase es Todo el año. Qué nos quieres decir con esta ambigüedad: ¿una obscenidad? Creo que no. Después de leer toda tu crónica, pienso que te refieres a algo de comer, de chupar, como las cabezas de los langostinos: chirla, conejo, higo o breva. Algo para llevarse a la boca, sin dobleces de significado. Así que ambigüedad aclarada. No tienes mala intención. Pasemos a la siguiente: Victoria salgo mal, luego me voy calentando. Esta frase tengo que aclararla pues, es cierto, es una frase que digo muy a menudo y necesita matización. Que lo sepáis, esa frase siempre la utilizo montado en la burra, jamas en otras circunstancias. ¿Ha quedado aclarado el asunto para los mal pensados? Eso espero. Pero, como dice el refrán, se cree el ladrón que todos son de su condición. Siguiente frase equivoca: La guía nos enseñaría cositas. Para quien no te conozca puede pensar que has escogido la palabra cosita porque tiene doble significado. No estoy de acuerdo. Teniendo en cuenta el contexto, con la expresión nos enseña cositas, quieres decir cositas de ver y tocar. Para mí no hay duda. Pero sí es cierto que deberías haber matizado, pues teniendo en cuenta que la guía es extranjera nacida en Bulgaria, algún lector puede creer que te va a enseñar el búlgaro, me refiero al idioma, mal pensados maliciosos. Toda tu crónica está llena de frases parecidas a las anteriores, frases impolutas, limpias, impecables, sin nada de connotaciones sagaces y solo una mirada lujuriosa puede ver en ellas pensamientos taimados. Para terminar, y como resumen de todo lo anterior, me referiré a la frase Qué le apetece a Luis. En efecto, después de todo el cansancio de la carrera, queda bien claro que lo que me apetece es una buena paella, con su mejillón, su alcachofa y su almeja.
    Muchas gracias, Victoria.
    P.D.: Después de leer tu crónica me había puesto algo nervioso, pero ya estoy más tranquilo. Te quiero morra chingona.

    1. vmatilda

      Hola monstruo. Como siempre aprovechando mis frasecitas para sacar punta, muy afilada en este comentario. Tan brillante como siempre. Quizás un poco demasiado enfocado y enrocado en el mismo tema, no pensemos mal, pero brillante como nos tienes acostumbrados.

  2. El hombre sometido a energía láser

    En esta entrada el apartado gráfico ha sido increíble, y eso que siempre está a un nivel espectaCULAR. Qué ganas de poder darle otra vez a la bici y a los viajes. Una lástima lo de tener que irse antes de tiempo a sufrir a la playa, pero vamos que la temporada sigue y hay que demostrar quien manda.

    1. Ana y Juan Antonio

      Buenas noches duo Pimpinela, madre mía que nivel Maribel, estáis dominando la pluma pero que muy bien.

      Os ha salido una crónica y contra-crónica de novela.

      Muy chulas las fotos y nos ha picado el gusanillo de ir a visitar esa población.

      A ver que es lo que interpreta el manojo de nervios sobre las expresiones  «dominando la pluma», «picado el gusanillo» … je je 

      A seguir en la misma línea ambos. Un abrazo

      1. vmatilda

        Muchas gracias parejita. Pues seguro que el manojo de nervios, le saca punta rápido a esas frases que comentaís. Menudo lince está hecho. Gracias, fieles seguidores de mis escritos y mil historias más. Teatros, partiditas de mus.
        Que siga todo. Y a ver si nos acompañáis pronto a alguna de nuestras batallitas.

  3. acumulador de nervios nerviosos

    Buenas tardes, Ana y Juan Antonio. Me ha encantando vuestro reto y aquí va la contestación. He consultado a Roberto Leal, que a su vez ha consultado a la academia y me cuenta, que según ésta, hay que diferenciar entre matar el gusanillo y picar el gusanillo. Matar el gusanillo viene de lejos y se basa en que en los cadáveres putrefactos aparecen gusanos que se comen todo lo que encuentran hasta acabar con el cadáver. Son gusanos carroñeros que dejan los huesos lindos y morondos. También, me sigue diciendo, podría venir del parásito de la tenia, que puede vivir en los intestinos o en otras parte del cuerpo, chupando todas las sustancias que engullimos. Es decir, que si te comes un buen filete no te sirve de nada pues la tenia es la que se lo está jalando por ti. Igual ocurre con las deliciosas croquetas de vickitchen o su pastel de berenjenas. Por tanto, es una creencia antigua y cierta que en el interior de nuestro cuerpo existen gusanos. ¿Cuál es la consecuencia de tener un gusanillo devorador agarrado a la pared de nuestro intestino? Pues que tenemos hambre canina, y, para que esto no suceda, lo mejor es comenzar el día con un chupito de aguardiente de pepino. Es decir, hay que comenzar dándole al pepino que tenemos metido en la botella, como hacía Aznar, vamos.
    Respecto a la segunda expresión, picar el gusanillo, que es la que vosotros habéis utilizado. Me dice Roberto que se emplea cuando te has iniciado en algo que te gusta y quieres continuar. Por ejemplo lo que nos ocurre con las partidas de mus. Recuerdo que en uno de aquellos míticos programas del un, dos, tres, Maira pregunto a una de las parejas concursantes, que eran novios recién casados, cosas en las que se habían iniciado recientemente y les había picado el gusanillo, por ejemplo ver la tele. Eran otros tiempos, qué duda cabe.

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