Descubriendo Andalucía con la bici a cuestas
De entre los muertos
De entre los muertos

De entre los muertos

Enigmático título.

Nos teníamos que ir el viernes 14 de Mayo porque la carrera iba a celebrarse el sábado por la mañana. El viernes 14 estuvimos celebrando el cumpleaños de Noelia y después nos fuimos para Carboneras por la tarde. Carmen nos acompañaba a esta nueva carrera. A un lugar que ninguno de los tres conocíamos y que auguraba maravillas.

Estábamos citados el sábado 15 de Mayo a participar en una carrera en Carboneras, municipio costero dentro del Parque Natural de la Sierra de Gata. Ni que decir tiene que encantados de la vida iríamos a nuestra cita.

Unas tres horas de viaje y llegamos al hotel. “Hotel El Trébol”. Bonito nombre. Buena pinta el hotel. Se veía el mar desde la habitación.

Dejamos enseguida las cosas y fuimos a buscar algo para cenar. Enseguida llegamos al paseo marítimo y encontramos un restaurante donde había gente y nos quedamos. Nos atendieron bien. Comimos ensalada de tomates Raf con ventresca y un lenguado a la plancha para cada uno. Todo rico. Cenando vimos a Rafa, el compañero ciclista de Algeciras que también iba a correr, y estuvimos charlando un rato, llevábamos mucho tiempo sin vernos por la dichosa pandemia. Había sido abuelo.

Y nos fuimos a descansar. Había tranquilidad. Por la mañana, como siempre, a madrugar para ir a por los dorsales. Primero desayunamos en el hotel, bastante bien. Después Luis se fue con la bici y nosotras con el coche hacia la zona de la carrera. En el puerto de Carboneras, muy cerquita del hotel. Un día fantástico.

Además de recoger el dorsal, tenía que hacerse la prueba del COVID. Todo bien.

Y la salida a las 10:10. Cada minuto. Contrarreloj de 10 km. Salían del puerto y del pueblo y volvían de nuevo al puerto. Luis salía con la bici de contrarreloj, “la cabra”. A por todas. 

Mientras estaba en carrera, Carmen y yo paseábamos y estuvimos viendo a un pintor en un mural. Rápido llegaban.

Todo bien organizado. Tardó 18’07» en el recorrido y fue segundo de su categoría, una gran carrera, aunque al llegar comentó que no se había encontrado del todo bien.  Rafa fue el ganador en una espléndida carrera.

Luego a esperar que acabaran todos. 124 participantes. En esta ocasión podíamos seguir la carrera, participantes, momento de la salida, clasificaciones, en una nueva aplicación que podíamos instalar en nuestro móvil. Muy práctica. Evita que vayamos detrás de los jueces todo el rato preguntando. Ahí lo vimos todo. Nos tomamos algo en un bar del puerto e hicimos tiempo hasta los trofeos que los dieron a las 13:00 horas. Antes, ya pensando en la comida, había reservado en el restaurante “El Cabo”, uno de los que mejores críticas tenía en Internet. ¡Y qué haríamos sin Internet!

Pues ya con nuestro trofeo en las manos, bastante simple por cierto, nos fuimos al hotel a arreglarnos un poquito y corriendo a comer. Seguía un buen día, solo un poquito de aire de más. Comimos en la terraza del restaurante con preciosas vistas al mar. Enseguida nos atendió con mucho corazón, un camarero muy amable. “Corazón, ¿qué deseas?”, “¿qué tal la comida, corazón?”, pero de verdad, encantador. Y la comida, qué os digo, “corazones”: Pues espléndida.

No nos cabía el postre, pero en las críticas ponía que no te podías ir sin probar la tarta de queso y así lo hicimos, corazones. Estaba rica, pero claro, ya la comparamos con la que hace Vickitchen y se queda atrás. Con la de Vickitchen resucitas a los muertos, con esta en principio no.

¡Vaya, parece que empezamos a hablar de los muertos! ¿Es por la tarta de queso el título de este relato? 

No. Podría merecérselo, pero no.

Es por otra cosa.

Estamos en Carboneras. Parque natural del Cabo de Gata. Hay muchas playas en Carboneras. Pero una, a 6 km, es una joya, una de las playas más reconocidas y bonitas de este país. “La Playa de Los Muertos”.

Pues cogimos el coche y hacia allí nos fuimos. EL coche se deja en un aparcamiento establecido al lado de la carretera. La playa está abajo, hay que bajar la montañita. Preguntamos y nos dijeron unos 20 minutos. El problema, íbamos Carmen y yo en chanclas. Pues ya está. ¡Vamos a la aventura! Con las hamacas, la sombrilla, vamos. Bastantes piedrecitas en el camino, pero llegamos. ¡Espectacular las vistas!

Dejamos las hamacas, y nos fuimos hacia la zona más bonita caminando entre las piedrecitas de la playa.

Al llegar nos tumbamos en las piedras. Se estaba de maravilla. “Nos quedamos muertos”. Esta es la causa del título del relato.  Muertos de placer. Nuestra hija, sin enterarnos, nos inmortalizó. Pongo unas fotos discretas. Hay otras con las que ella se partía de risa que no puedo ponerlas. Las guardaré, no obstante. 

Luego nos sentamos en las hamacas y todo era relajante. Hasta que llegaron las gaviotas y fue llegando la hora de irnos. ¡Qué pena! ¡Qué a gusto habíamos estado!

Ahora a subir la montañita y al hotel. Después a cenar. Lo hicimos en el mismo sitio de la noche anterior. Tranquilitos, al ladito del hotel, en el mar de Carboneras.

Dormimos muy bien esta segunda noche. Por la mañana para casa.

Nos gusta Almería. Carboneras es tranquila, habitan los muertos. En esa playa fuimos felices. En sus restaurantes resucitan a los muertos.

¡Volveremos Carboneras!

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