2º año de la era COVID.
Carrera en circuito en Churriana, esa carrerita en la que se dan 12 vueltas a un circuito en el pueblo y que todo el mundo va como loco. Pues sí, esa. Y que los que la vemos, lo pasamos genial viendo continuamente a ciclistas pasar. Pues sí, esa. Porque la carrera se parte en múltiples grupos y es una locura.
Y este inicio es para que nos pongamos en ambiente.
Pero ahora, retrocedamos en el tiempo.
Y nos vamos al inicio de la aventura, al sábado 29 por la mañana, donde después de ir al mercado Carmen y yo, y Luis darse una vuelta con la bici, llenamos el coche, que por cierto con la bici solo ya se llena, y nos fuimos caminito de Torremolinos. Su propio nombre ya me contenta y alegra el día.
Nos íbamos al hotel Isabel que ya conocíamos de otras ocasiones. Lo acababan de abrir tras varios meses cerrados por la pandemia.
Está situado enfrente del mar, un placer de vistas. Perdón, volvamos atrás, al viaje hacia Torremolinos. Contemos algo.
Íbamos escuchando una de nuestras radios favoritas, RNE, y a Màxim Huerta con la palabra «cuerda» y sus múltiples acepciones. Vaya labia que tiene el señor Màxim. Y después el programa de cocina de Ciudadano García. Siempre aporta. Quizás más de nutrición. Interesante.
El viernes previo al viaje había reservado para comer el sábado en el restaurante José Cerdán, para nosotros el mejor de Torremolinos, que nosotros conozcamos, claro. Si no reservas con tiempo no hay nada que hacer. Siempre lleno para comer.
Llegamos al paseo marítimo y vaya odisea para aparcar. Encontramos sitio lejos y nos fuimos directamente a comer. Llegábamos algo tarde y llamamos mientras íbamos hacia el restaurante para que no nos quitaran la reserva. Venga, nos dijeron, mantenemos la reserva.
Menos mal. Nos sentaron enseguida y disfrutamos mucho, mucho, de la comida. Todo buenísimo. Para empezar unos espetos de muerte y para seguir todo lo que os voy a mostrar.
Llegamos al hotel. Nos cambiamos y a la playita. Muy buena tarde.
¿Nos meteríamos en el agua? Sí. Metimos los piececitos poco a poco y poco a poco metimos el cuerpecito. Y al principio ¡ay! ¡Qué fresquito! Pero luego de maravilla. Luis mirando desde la atalaya y nosotras disfrutando del agua maravillosa.
Al salir ni frío ni nada. En el solecito seguiríamos hasta que fue llegando el atardecer. Antes nos habíamos comido la fruta, sandía, melocotones… y la bolsa de chips de garbanzos, ¡qué rico!
Al hotel y después a cenar. Al mismo sitio. Cena ya con más mesura, pero nos acordábamos de la comida, lo buena que había sido.
El paseíllo hacía el hotel y hasta mañana. Buenas noches.
A Churriana City.
Luis ha ganado una vez en Churriana. Es difícil, no porque sea excesivamente dura, sino porque es muy técnica, con curvas que no te la puedes jugar y se puede perder tiempo. A él le pasa.
Muchos participantes. La gente tiene muchas ganas de volver a la normalidad.
Yo también.
Saludé a muchas conocidas que hacía tiempo que no veía.
La carrera salía a las 10:00. M50 primero y a las tres vueltas se incorporaban los M60 y féminas.
Nosotras vemos la carrera en una subidita que hay muy chula y donde se sitúa la mayor parte de la gente y animan mucho.
En las primeras vueltas todos más o menos juntos. En las últimas vueltas empezaron a descolgarse algunos, un poco Luis, y se quedaron por delante, que nosotras creyéramos, tres M60. Se descolgó en las últimas tres vueltas un M60 de los que iban primero y eso nos animó mucho. Se lo dijimos a Luis para que le cogiera y pudiera ser tercero.
Pues le cogieron, con un final buenísimo de Luis. Pero con Luis iba otro M60 que le ganó al sprint.
No llegó contento pero nosotras nos lo pasamos muy bien.
Nos volvimos para casa y llegaríamos para la comida. Buena idea llamar al italiano. Y así lo hicimos.
Por el camino escuchábamos al Ciudadano García. Si llamas por teléfono contando recuerdos gastronómicos de la infancia entras en un sorteo de un libro suyo. Yo puedo llamar y contar que mi madre me daba pan con vino tinto y azúcar, y que a veces una copita de Quina Santa Catalina.
¡Que da unas ganas de comer! Pero no sé por qué, porque ganas de comer tenía muchas.
Cosas de otros tiempos.
Ganas de comer sigo teniendo afortunadamente. Nos espera el italiano con ricos manjares. En vez de pan con vino y azúcar, comeremos pizza rica y arancinis… En vez de vino Quina, un poquito de Lambrusco.
Me gusta más el vino Quina Santa Catalina. Una copita. Esos recuerdos.
Hasta la próxima, que esperemos sea pronto. Y yo pueda contarlo, que ya tenía ganas.



















Muy chula la entrada!!!! Enhorabuena!!! Guapísimos!!!
Pues me alegro mucho. Tú también has disfrutado de los ricos manjares de la costa malagueña. Es fantástico. Gracias por tus comentarios. Un beso.
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