Descubriendo Andalucía con la bici a cuestas
Fin de semana con Romería en Andújar y carrera en Extremadura
Fin de semana con Romería en Andújar y carrera en Extremadura

Fin de semana con Romería en Andújar y carrera en Extremadura

Llegó la Romería de la Virgen de la Cabeza 2019.

Y nosotros que la íbamos a celebrar como todos los años con nuestra familia y nuestros amigos. Con nuestras mesas en la calle, con esa comida que llevábamos todos con mucho cariño, con la música de guitarra de Diego, nuestro magnífico guitarrista, acompañado a las palmas de Noelia, Carmen y Lourdes y amenizados con la bailaora Ana, acompañada de su marido, Juan Antonio y a los que se unió el futuro, su hija Nuria. Fantástico todo.

Tortillas, lomo, pimientos y berenjenas asadas. Vinos.

Ana y Diego insuperables.

Vaya postre que llevaron nuestros amigos. ¡¡Sorpresa!!

Nos lo pasamos genial, como siempre, con nuestra Virgen de la Cabeza. ¡Viva la Virgen de La Cabeza!

Y el sábado nos íbamos a tierra de Conquistadores, de nuevo. Esta vez la carrera era en Villanueva de la Serena, provincia de Badajoz. La carrera era a las cinco de la tarde.

Habíamos reservado alojamiento en otro pueblo cercano, Zalamea de la Serena, ¿a qué os suena ?, quizás por » El Alcalde de Zalamea», de Calderón de la Barca, pues sí, allí se representa en el teatro cada año, en el verano. Además tiene otras maravillas que queríamos descubrir el domingo.

El hotel «Trajano», donde nos alojamos tiene su historia. Me costó reservar porque no cogían el teléfono y en Booking.com estaba agotado. Al final lo conseguí. Luego descubrí por qué no lo cogían. Atienden a la vez al restaurante y está muy concurrido.

Muy bien el hotel, habitación amplia, cómoda, restaurante muy aconsejable. Todo a un precio muy bueno. Pero para dormir, jaleo hasta bien entrada la madrugada. Había una despedida de soltera y vaya locura. Se oía todo.

A las puertas del hotel. De ahí su nombre.

La gente del hotel muy amable. Cuando voy a Extremadura, siento esa conexión con esta tierra que me vió nacer. Gente sencilla y deseando agradar. Y esos paisajes de dehesas, más bonito imposible. Eso sí, calor, lo que quieras.

Faltan solo esos cerditos de pata negra…

Comimos en el hotel, bien, y nos fuimos hacia Villanueva de la Serena. Recogida de dorsales y los M50 y M60 iban a salir antes, neutralizados 16 km hasta un determinado punto. El resto, los más jóvenes, iban a dar una vuelta y estos mayores se iban a meter en carrera justo antes de que llegaran.

Y aquí viene la noticia. Hubo una caída en el pelotón cuando los veteranos iban aún por delante, y los otros no habían enlazado. No afectó a los veteranos. Medio pelotón al suelo y la carrera se paró. Luis me mandó mensaje y me enteré rápido. Dos ambulancias con traslados, lesiones serias, fracturas en piernas, en al menos dos ciclistas. Muchas contusiones. Y para reanudar la carrera, había que esperar una tercera ambulancia. Eran las siete de la tarde y no había llegado. Llevaban ya 45 minutos esperándola e iba a tardar otro tanto.

Decisión de los jueces: Se suspende la carrera. Se haría de noche. Todos de vuelta neutralizados. Qué penita. Pero a la vez alegría, Luis estaba sano y salvo.

Os presento el podio.

Cuando llegó Luis me contó cuál había sido la causa de las caídas. La carrera transcurría por una carretera estrecha, donde las jaras, muy florecidas ahora en la primavera, la invaden. Los ciclistas al esquivarlas, hicieron entre ellos el afilador, y montones de ellos fueron al suelo. Esta situación ya se conocía porque a Luis ya le habían avisado. Intolerable que se permita que pasen los ciclistas por estos peligros.

Nos fuimos para el hotel, y llegamos a las nueve. Toda la tarde habíamos echado para terminar así. Cosas que pasan.

Cenamos bien y ya vimos una mesa grande reservada para una despedida de soltera, con globos y más parafernalia. Luego nos darían la noche.

Menos mal que teníamos previsto otro acontecimiento además de la carrera para el día siguiente, porque sino vaya fiasco.

Y era una visita a Cancho Roano, situado a tres kilómetros de nuestro hotel, en el interior del campo, rodeado de encinas.

Cancho Roano es el conjunto tartésico mejor conservado de la Península Ibérica, con más de 2500 años de antigüedad, según el folleto de información de la Junta de Extremadura. A pesar de haberlo construido los tartesos allá por el siglo VI a.C., se conservan restos importantes de un edificio monumental, con sus distintos espacios de almacenes, estancias y zona sacra, rodeado por una muralla y un foso.

La grandiosidad del edificio ha llevado a definirlo como palacio-santuario, término que aúna su grandiosidad y su función eminentemente religiosa.

Primero se visita el centro de interpretación, donde podemos ver una maqueta del mismo:

Y al ladito está el auténtico:

Altar.
Habitaciones.

Es un palacio en la forma y un santuario en la función. Los tartesos lo abandonaron dos siglos después de haberlo construido con adobe, un material endeble. Antes de abandonarlo, lo incendiaron en un acto ritual con todas las pertenencias en su interior y posteriormente lo sellaron con tierra. El fuego coció el adobe adquiriendo la consistencia del ladrillo y la tierra lo protegió, lo que permitió su preservación a lo largo de los siglos. Se encontraron en su interior tesoros: bronces etruscos, alabastros fenicios, cerámicas griegas. Y es un tesoro de ingeniería de la época. Tenía un sistema de canalizaciones, pozos y el foso, que incluso en época de sequía mantenía agua en todo su perímetro.

Nos ha encantado. Es mágico. Valió la pena el viaje. Estas maravillas te transportan.

Y ya de vuelta y con la radio puesta, escuchábamos una magnífica entrevista a un científico, que después de ver esas obras de hace siglos y siglos, te hace aún pensar más. Hablaba de que la imperfección es innata al ser humano y por eso existimos. Y decía que la gente alegre vive más. Y ahí estamos viviendo con alegría esta vida llena de misterios. Aunque también escuchábamos a Luis Aguilé, con su canción, «Es una lata el trabajar, todos los días te tienes que levantar». Sabéis que la palabra «trabajo» viene de la raíz latina «tripalium», que significa «tortura». Vaya con el latín.

Lo vuelvo a repetir, lo ha dicho un científico, la gente alegre vive mucho más, con trabajo o sin trabajo.

Por cierto, el científico se llama Carlos López Odín y ha escrito el libro » La vida en cuatro letras». Por lo que ha contado creo que vale la pena leerlo. Lo ha contado en RNE en el programa «No es un día cualquiera» de Pepa Fernández.

No fue un fin de semana cualquiera. Con la alegría de la Romería, con la mejor compañía y visitando a los Tartesos en Extremadura.

¡Viva la Virgen de La Cabeza!

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